4.25.2009

#HECM32: Quiche de queso, tomate y tomillo


El hojaldre es un tipo de pasta que suelo usar más en salado que en dulce, y sobretodo, lo utilizo para platos que requieren poca elaboración y que puedan gustar a todo el mundo, como por ejemplo, las quiches. Aunque éstas tradicionalmente suelen elaborarse con pasta brisa, cuando el tiempo apremia, la masa de hojaldre congelada me saca de apuros tanto para tartas saladas como éstas como las socorridas quiches apetitosas a todas horas.

Lo mejor de las quiches es que permiten infinitud de rellenos con la sempiterna base de huevos y crema de leche, a partir de ahí se puede añadir todo lo que uno quiera o tenga en casa. La mía no pasa de ser una ligera variación de la célebre quiche Lorraine que es mi preferida, pero para ésta he usado tomillo fresco que le da un punto aromático muy especial. No os lo olvidéis, la quiche no es lo mismo.


Quiche de tomate, cheddar y tomillo:

un paquete de pasta de hojaldre descongelada
4 huevos
250ml crema de leche
100gr de panceta de cerdo (opcional)
2 tomates
200gr de cheddar maduro ( o gruyere)
1 cucharilla de mostaza
tomillo fresco a gusto

Precalentar el horno a 180º. Forrar un molde con el hojaldre un poco estirado con el rodillo. Pinchar el fondo del tarta con un tenedor y poner encima un papel con unos pesos. Hornear 15 minutos. Sacar el papel con los pesos y hornear 5 minutos más, sacar y reservar.


En un bol batir ligeramente los huevos con la crema de leche y la mostaza. Añadir el tomillo fresco en briznas.

Disponer el queso rallado sobre el fondo de la tarta, encima las rodajas de tomates y las tiras de panceta. Verter la mezcla líquida encima y hornear unos 40 minutos o hasta que el centro de la quiche este bien cuajado. Sacar del horno y dejar enfriar antes de desmoldar. Espolvorear con más tomillo fresco.

4.19.2009

El mes más cruel: Crumble de fresas y almendras



Desde siempre y como dice el poeta T.S.Elliot, " Abril es el mes más cruel", como mínimo se cumple en mi vida, sin dramatismo pero con apatías, cansacio, líos, trabajo complicado, e innumerables cumpleaños, tengo la sensación que una gran parte de mis amistades son Aries y Tauro, como yo misma.

Invitada a una cena y sabiendo la anfitriona que me gusta cocinar, me sugiere que lleve el postre, pero como estoy en mi mes "extraño" del año, me arrastro por la cocina sin saber qué hacer. Busco la salida fácil, la que nunca falla, el sabor que siempre encandila a todos: las fresas.

Aprovechando que ahora están en su punto, decido hacer un crumble, otra opción que siempre triunfa, me encantaría poder combinarlo con ruibarbo pero aún no lo he encontrado,o con jengibre por que soy así de repetitiva con los sabores, pero parte de los comensales son niños,a sí que me dispongo a hacer un clásico crumble sólo con fresas.


Llega la hora de los postres, las mujeres de mediana edad hemos intercambiado comentarios sobre michelines, flotadores y otras lindezas, pero cuando llega el postre, y mientras los niños están conentrados en portatiles, televisión y las teenagers en enseñarse los últimos zapatos de tacón, las mujeres de mediana edad nos olvidamos de todo lo hablado y nos lanzamos al ataque del crumble sin piedad y repetimos, alguna de ellas incluso se atreve a reivindicar el helado de vainilla que debería acompañar al crumble...Como véis ante un crumble, no hay dieta que valga, ni buenas intenciones.


Crumble de almendras y fresas:

400gr-1kg de fresas (depende del recipiene que uséis)
100gr almendras peladas (picadas en mortero)
180gr de harina
100gr mantequilla
100gr de azúcar+dos cucharadas soperas de azúcar
1 pizca de sal

Precalentar el horno a 200º. Lavar las fresas, escurrir en el colador y secarlas con papel de cocina. A continuación cortarlas en trozos.

Engrasar un recipiente para horno o varios moldes individuales y llenar unas 3/4 partes con las fresas, espolvorearlas con las dos cucharadas soperas de azúcar.

En una fuente mezclar la mantequilla cortada a dados, la harina, la almedra picada groseramente, la pizca de sal y el resto de azúcar. Amasar con las manos durante unos mintos hasta que se formen migas.Cubrir las fresas con estas migas intentando sellar bien los bordes con éstas. (Si nos faltara masa, volvemos a repetir la operación con los mismos ingredientes pero mucho menos cantidad).

Horneamos 10 minutos a 200º y después reducimos la temperatura del horno a 170º y dejamos unos 20 más o hasta que el relleno empiece a salir burbujeante por los bordes y la crosta esté dorada.

Servir con crema de leche, nata montada, crema inglesa o helado de vainilla.



4.10.2009

Un sapo en mi plato: Toad in the Hole


Como vivo en otro mundo, o citando a Poe, Out of The World, no he podido encontrar un día más inadecuado para hacer una crónica carnívora que el Viernes Santo, así que desafiando todas las tradiciones, ahí está el post que cierra, por ahora, mis crónicas culinarias sobre las Islas.

Ningún viaje culinario a las Islas Británicas está completo sin probar las salchichas inglesas: comida de pub, para las sacro-santas barbacoas, acompañadas de puré de patata ( bangers and mash), etc, las salchichas inglesas se han ganado un puesto de honor dentro del universo culinario británico y los británicos las comen a todas horas como desayuno, comida y cena e incluso los vegetarianos las hechan de menos habiendo versiones sin carne para ellos.

Las salchichas más tradicionales suelen ser las de cerdo y entre las más populares están la larguísima de Cumberland en forma de espiral, la de Liconshire con pimienta de cayena, las de Londres con cerdo, jengibre, salvia y macis y la de Oxford con limón, hierbas y parte de ternera, pero las carnicerías inglesas ofrecen un abundante y variado surtido de salchichas deliciosas en las que se combina el cerdo con puerros, manzana, castañas, queso stilton con porto, cerveza y cebollino.

También son corrientes las de cordero con menta pero también tienen otras variaciones más exóticas como pollo-limón, mango-pato, ciervo y jamón ahumado, o incluso sólo de queso como las salchichas Glamorgan de Gales.




Por nuestra parte esta vez sólo comimos de cerdo, limón y tomillo y unas fantásticas salchichas de jabalí compradas en un carniceria en mitad de la campiña. Uno de los platos típicos británicos es el Toad in the hole, literalmente "sapo en el agujero",que consiste en salchichas en un mullido lecho de Yorkshire pudding que lo hacen especialmente adecuado para una cena sin complicaciones en un día lluvioso.

Los británicos lo sirven con un gravy (jugo de carne ) con cebolla, of course, pero como buena hispana, prescindo del gravy todo lo que puedo. Comfort Food británica muy sabrosa aunque muy poco fotogénica, probadlo el día que queráis olvidaros de la operación bikini.


Toad in the hole: (Pudding de salchichas)

8 salchichas medianas tipo butifarra
2 huevos
125gr de harina
250 ml de leche
sal y pimienta


Precalentar el horno a 200º. Colocar las salchichas con un poco de aceite en una bandeja de horno y cocer durante 10 minutos. Mientras preparar la masa del pudding: tamizar la harina en un cuenco, hacer un hueco en el centro y echar la lechce y los huevos y batir con las barillas hasta que quede una masa líquida con una consistencia de crema de leche espesa. Salpimentar.

Sacar la bandeja del horno y verter encima de las salchichas la masa de pudding. Hornear unos 20 minutos o hasta que la superficie esté dorada y la masa esté cuajada del centro.

4.04.2009

A Marriage Made in Heaven: Welsh Rarebit


Si hay una institución típicamente británica es la del pub o "Public House": en él se socializa, se juega al Quiz, a los dardos, se ve el fútbol, se escucha música en directo, se liga, se pierden maletines con datos imprescindible para el servicio de inteligencia británico y sobretodo, se bebe cerveza: Ale, Stout, Bitter, Lager y Sidra. La adoración por esta bebida hace que en un visita al supermercado de la esquina se encuentren rarezas como una cerveza hecha con plátanos (en la foto).

En nuestro pub favorito, The Boot ("La bota", extraño nombre para un pub),es un local del siglo XVII al que se va a beber y a conversar y que según mi amiga, por las mañanas el número de perros es superior al de personas, y por la tarde-noche el de humanos supera al de canes .No son permitido los niños y no hay comida, hay quiz y música en directo, el ambiente es de habituales y las cervezas que allí se ofrecen son ales selectas y "Scrumpy" Cheddar Valley de Sommerset.

El Scrumpy es una sidra artesanal característica del West Country y consiste en una sidra de color naranja Tang (¿os acordáis de esa bebida setentera?), de apariencia turbia y muy poco carbonatada, muy distinta de las sidras comerciales más populares como la Strongbow. También existe una sidra artesanal elaborada a partir de peras denominada "Perry".


Pedir media pinta de sidra scrumpy en The Boot es toda una experiencia: primero se oye un lejano "the spanish girl asked for cider, juas, juas, juas..." y al cabo de unos segundo viene algún lugareño a la mesa a advertirte amablemente de las consecuencias que conlleva beber más de tres pintas de esa cosa naranja. La única vez que superé la media pinta se ha quedado grabada a fuego en la memoria celular de mi cuerpo y no hay ganas de sobrepasar esa dosis.

Otra de las características del West Country, es el queso cheddar, tan difícil de encontrar en España (sólo las versiones más comerciales y jabonosas), aunque hay variaciones de este tipo de queso en toda Gran Bretaña como el popular cheddar extra-maduro Black Bomber, hecho en Gales o el estupendo Isle of Mull de Escocia.

Unas de las mejores combinaciones culinarias sólo superada por el binomio queso-vino tinto, es la de cerveza y queso. No sé si os pasa a vosotros que cuando probáis un cerveza con cierto carácter, el paladar os pide queso inmediatamente. El hecho es que a mí me pasa y resulta que existe un plato británico que reune magistralmente a los dos: el Welsh Rarebit aunque en Dorset existe una variante que substituye la cerveza por la sidra, el Dorset Rarebit. La receta consiste en una salsa de cerveza, cheddar, mostaza y salsa Worcestershire sobre una tostada, así de simple, así de delicioso.


Welsh Rarebit:

4 tostadas de pan tostado
150gr de cheddar rallado
3/4 cerveza tipo "Brown Ale", Guinness o la que tengáis a mano
1/2 cucharada de café de mostaza inglesa
1 cuchrada de café de salsa Worcestershire (la famosa salsa Perrin's)
1 pizca de pimienta de cayena
mantequilla
dos cucharadas sopera de harina

Poner un cazo a fuego moderado la mantequilla y cuando esté derretida, agregar la harina. Remover y cocer hasta que la mezcla empiece a dorarse, entonces añadir la mostaza, la pimienta, la salsa Worcestershire y la cerveza y seguir removiendo.

Cuando la mezcla esté espesa y uniforme, retirar del fuego y añadir inmediatamente el queso removiendo enérgicamente. Untar las tostadas con esta mezcla y gratinar en el horno hasta que empiece a burbujear, es decir, pocos minutos o si no se os quemará como casi me pasa a mí.

Advertencia: dejar enfriar unos segundos antes de comer porque os podéis carbonizar la boca. Nada mejor para acompañar una receta de queso que un poco de un buen chutney.

4.01.2009

De paseo por los acantilados: Kedgeree


Mis crónicas por el Suroeste de Inglaterra continuan con una excursión para tratar de encontrar un restaurante mítico en la zona, el Riverside Café de West-Bay, Bridport. Lo mejor de todo es llegar hasta allí como nosotros lo hicimos en un día soleado: llegamos en coche hasta Burton Bradstock y aparcamos justo encima de los acantilados, a partir de ahí caminamos 2 millas hasta West-Bay.

El camino no podía ser más evocador: por arriba los acantilados mostraban el acostumbrado paisaje de campiña inglesa, con sus senderos y pulidas cercas de madera y por debajo, una gran playa enmarcada por la cruda piedra de sus descomunales acantilados. La soledad que se respiraba en la playa me hizo pensar en esa última escena del El planeta del los simios en la que Charlton Heston se topa con la estatua de la libertad semi enterrada...




Tras atravesar la playa, se llega a West-Bay, la zona costera de Bridport llena de chiringuitos cerrados ya que el buen tiempo les pilló por sorpresa y al Riverside Café especializado en pescado y marisco de la zona. Allí y en mitad de una atmósfera en la que predominaban las canas (Dorset es conocido por ser uno de los lugares de retirada de los jubilados británicos), pudimos probar unos mejillones cocinados con sidra, cangrejo y vieiras muy fecuentes en la zona, todo regado con un buen Prosecco.

A parte de las vieiras, el cangrejo, el lenguado, la raya, el San Pedro,etc, en las pescaderías británicas es muy normal encontrar pescados ahumados como el Kipper o el Haddock. Su aspecto es bastante feo, de pescado amojamado y el sabor es muy fuerte, con mucho carácter vamos. En Gran Bretaña se suele tomar para desayunar pero sobretodo sirve para acompañar uno de mis platos británicos favoritos de origen indio: el Kedgeree. Esta es mi versión rápida en la que suelo utilizar restos de arroz hervido.



Kedgeree:

300gr de arroz basmati
1 trozo de "haddock ahumado" o salmón fresco ( se pueden añadir gambas)
huevos duros
2 cucharadas soperas de mantequilla
1 cucharadita de café de curry
1 cebolla pequeña
4 huevos duros
perejil picado

Hervir el pescado en un poco de agua con una hoja de laurel durante 10 minutos. Retirar del fuego, escurrir y desmenuzar.Reservar.

Picar la cebolla. y rehogar en un sartén con la mantequilla a fuego moderado.Tras 4 minutos añadir la cucharada de curry y seguir rehogando 3 minutos más. A continuación, echar el arroz basmati, salpimentar y rehogar 10 minutos.

Servir mezclado con las láminas del pescado, los huevos cortados a cuartos, el perejil y echar un chorrito de limón o lima por encima.

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